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Aún recuerdo el día cuando estaba en las antiguas oficinas de Luis Santos del Val en plena Gran Vía hablándole sobre el proyecto de la app de taxis compartidos que le estábamos presentando a la Gremial de Taxistas de Madrid mi compañero Jorge Pintado (quien hoy está en San Francisco trabajando en Yahoo) y yo. Hablábamos del futuro del transporte, del vehículo autónomo de Google, de viajes compartidos en taxis y recuerdo cómo aluciné con la claridad mental de Luis cuando me dijo: “Edu, el día de mañana habrá mini autobuses que te transporten de un lado a otro de la ciudad”. Seguimos hablando de la aplicación del taxi y de cómo se podría conseguir con 8000 taxistas de la Gremial que la app fuese la más utilizada en la capital.

Era 2011, Uber creo que sólo había levantado 30M a primeros de año, MyTaxi 16M y Hailo 20M y aún no habían llegado a España, la oportunidad pasó y hablar de vehículos autónomos parecía muy lejano.

El destino ha querido que acabase trabajando en Uber, que siguiese muy de cerca la evolución de los vehículos autónomos, que es de lo que trata este post al fin y al cabo, y que realizase un trabajo final de carrera de la viabilidad técnico económica de los vehículos de aire comprimido (si, aire comprimido has leído bien, el resumen es que con la tecnología actual son poco viable y es mejor centrar los esfuerzos del aire comprimido en la tecnología de almacenamiento energético de media escala).

Vamos a empezar comprendiendo un poco el mercado de los automóviles.

  • Se venden en el mundo anualmente más de 80 millones de vehículos.
  • Entran en los próximos 20 años 2.000 millones de personas a la clase media que si “nada cambia” querrán un vehículo.
  • En 2013 se preveía que el parque de vehículos a nivel mundial se iba a duplicar pasando de 850 millones actuales a 1.700 millones.
  • Según Navigant Research se prevé que para 2020 la venta de vehículos eléctricos represente el 0,07%.
  • Tesla en 2020 prevé tener capacidad para producir 500.000 vehículos. Es decir que necesitaríamos de 160 Teslas para cubrir todas las ventas de vehículos a nivel mundial.

Pero claro esto son los informes, los datos y las tendencias de hace unos años sin tener para nada en cuenta de la capacidad de innovación por parte de las empresas y del avance, en ocasiones exponencial, de la tecnología.

A día de hoy existen numerosas empresas que están trabajando en los vehículos autónomos, aquí un link con las principales (la mayoría multinacionales) y como bien dijo Elon Musk estamos a pocos años de ver coches 100% autónomos, con un nivel de autonomía de 4 o incluso 5, y que Google haya sacado recientemente de su laboratorio el proyecto de vehículo autónomo para convertirlo en empresa (Waymo). Ford incluso ha anunciado que lanzará en 2021 un servicio de vehículo compartido autónomo (link).

La cosa se mueve y no es para menos pues la industria del transporte tal y como la conocemos se va a reinventar en las próximas 2 décadas, habrá coches autónomos, robots pequeños que irán por la acera (link), vehículos de carga más pequeños que los coches que serán también autónomos, autobuses autónomos, drones autónomos, camiones autónomos e incluso barcos autónomos (si, Rolls Royce ya está trabajando en ello), aquí dejo un vídeo muy chulo sobre ello:

 

Podríamos seguir hablando sobre qué va a significar esto para el sector de la logística, para todos los puestos de repartidores de moto y bici que están apareciendo ahora con servicios de comida a domicilio o Amazon Prime. Pero el resumen es que se estima que el 2% de la población mundial perderá su trabajo de forma directa debido a los vehículos autónomos.

Para aquellos que les preocupe la automatización de los puestos de trabajo, como me sucede cada vez que leo sobre tecnología y avances, esto supone un peligro y una oportunidad. Un peligro porque pueden acrecentarse las desigualdades sociales y una oportunidad porque probablemente se abaratarán aún más los costes de transporte, entre otras muchas cosas.

Pero a ver qué pasa con todas las personas que perderán sus puestos de trabajo, ¿seremos capaces de reeducarles? ¿Tendremos sistemas de adaptación? ¿Se crearán impuestos a los vehículos autónomos para que paguen los planes de formación de las personas que han desplazado? Son temas la verdad que interesantes y apasionantes al igual que quién tiene la culpabilidad ante accidente con un vehículo autónomo o la ética detrás del vehículo en la toma de decisiones en ciertas circunstancias…

Para acelerar la incorporación de este tipo de tecnologías que podría disminuir de manera considerable las emisiones de CO2, siempre y cuando se use como car-sharing, será necesario una inversión inmensa de capital. Y la mejor forma que se me ocurre de realizar esa inversión e intentar acortar las brechas sociales es abrir esa inversión a la ciudadanía o al pequeño inversor.

Es decir permitir a cualquier ciudadano poseer parte de un vehículo autónomo y recibir ingresos por sus “participaciones” en el vehículo. Sería muy similar al crowdfunding inmobiliario en el sector de vehículos de alquiler pero esto sería crowdfunding para flotas de vehículos autónomos.

Me da que en la próxima década veremos alguna que otra empresa así.